Las cooperativas de trabajo se organizan en redes sectoriales

Las cooperativas de trabajo se organizan en redes sectoriales

La CNCT se propone nuevas formas organizativas más articuladas para afrontar el desafío de traspasar las fronteras del mercado cooperativista e intervenir en el mercado formal.

En los últimos años, las cooperativas de trabajo en Argentina han dado muestras acabadas de haber superado la etapa de la subsistencia, resultado de la crisis que dejó el neoliberalismo en nuestro país. Como consecuencia de los enormes esfuerzos organizativos realizados por trabajadores de empresas recuperadas y las políticas públicas de la última década destinadas a fortalecer las cooperativas sociales, esta nueva etapa nos encuentra en una nueva posición pero también con un gran desafío: traspasar las fronteras del mercado propio, marginal, para intervenir de manera más efectiva en el mercado formal. Este paso implica nuevas concepciones organizativas para las cooperativas de trabajo a las que no estábamos tan acostumbrados: encadenamientos productivos, comercialización conjunta, planificación, estrategias de márketing, etc.

Actualmente, son siete las redes cooperativas sectoriales que confluyen en la CNCT: la Red Gráfica Cooperativa; la Red Textil Cooperativa; la Red Colmena (comunicación); la Federación de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Información y Conocimiento (Facttic); la Red de Construcción Cooperativa; la Federación de Organizaciones Productoras de Alimentos (Fopal); y aún en ciernes la Red de Industrias.

La articulación sectorial permite a las cooperativas contar con políticas de innovación tecnológica, fundamentales para mantener competitividad en el mercado. La Red Gráfica ha dado muestras de que la unidad es una condición necesaria para adquirir créditos, subsidios o compras colectivas para equipar una cooperativa o compartir tecnología de última generación que les permita producir con calidad de mercado.

La Red Textil, por su parte, se encuentra generando la mayor experiencia de encadenamiento productivo que se ha conocido en el sector. El proyecto en cuestión implica la elaboración de ropa de trabajo 100% cooperativa, desde la cosecha de algodón, hasta la confección final, pasando por todos los eslabones de la producción como hilandería, tejeduría, teñido, diseño, etc.

Pero no sólo eso, la organización sectorial les permite a las cooperativas aumentar la capacidad productiva en términos de volúmen y en términos de capacidad financiera, lo que les posibilita negociar con grandes empresas o con el mismo Estado para cubrir necesidades de mayor magnitud.

La Red de Construcción mostró que es posible encarar obras envergadura, compitiendo directamente con las grandes empresas de construcción. De esta manera, pudieron reconstruir el nuevo edificio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), que es el organismo público destinado al sector, entre muchas otras obras realizadas (recuperación de los Bosques de Ezeiza y construcción de viviendas en el Impenetrable Salteño).

Las cooperativas llamadas de nueva generación también conformaron sus redes, de tecnología y de comunicación, a través de las cuales aumentaron su capacidad de producción al mismo tiempo que impusieron una nueva mirada en sus rubros respectivos. Las tecnológicas proponen la visión de la tecnología libre y de acceso popular, mientras que las de comunicación plantean un discurso democrático y plural basado en lo comunitario. Ambas visiones, en oposición a la concepción hegemónica, muestran la necesidad de la organización sectorial con mirada propia.

Todas estas experiencias, algunas más que otras, se encuentran en una etapa germinal pero no despreciable, que ya han tenido resultados concretos. Plantean, a largo plazo, las bases de una nueva economía de carácter popular, pero que a la vez promueva mejores condiciones de trabajo.